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PREGÓN DE FIESTAS EN HONOR A

NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS.

 

Ilustrísimos Monseñores, Reverendo Padre, Presidentes, Hermanos Mayores y demás miembros de Cofradías y Hermandades y muy especialmente a mis hermanos de esta Venerable, Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Madre María Inmaculada en su Mayor Angustia y Piedad y Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén, y amigos que nos acompañan en esta noche, PAZ Y BIEN.

En primer lugar, quiero dar las gracias a Dña. Juana Patiño, por esta presentación, la verdad es que es la primera vez que escuchaba a alguien hablar tanto y tan bien de mí, en público y ya de paso aprovecho esta ocasión para agradecer tanto a Juani como al resto de la redacción de El Día de Toledo, la colaboración con las Hermandades y Cofradías de la ciudad; y en segundo lugar a mis hermanos de la Junta de Gobierno de esta Hermandad por haberme elegido para continuar con los pregones en honor a Nuestra Señora de las Angustias, y digo pregones, si,  por que quizás alguno de los aquí presentes lo desconozca, pero esta es ya la quinta ocasión de este tipo que se celebra, ya que en los años 2002, D. Antonio Gutiérrez Molina; en el 2003, D. Javier Calderón Carrillo; en el 2004, D. Luis Alba González y en el 2005, Dña. Irma Soriano nos hicieron emocionarnos con sus sentidas palabras dedicadas a Nuestra Madre.

Tengo que deciros que yo no tengo la facilidad de palabra de mis antecesores, todos los que me conocéis, sabéis que yo soy más de actuar que de hablar y para esta ocasión he tenido que pedir consejo a un amigo, un especialista en estas labores, y lo que me dijo fue muy claro: “di lo que te digan los sentimientos, exprésate con el corazón”.

Ahora solo me quedaba un pequeño detalle, como haceros llegar mis sentimientos, mientras intentaba pensar en algo que me sirviera de referencia, para plasmarlos mejor, empezaron a pasar por mi cabeza los pocos libros que mi falta de tiempo me ha permitido leer, y en seguida recordé un clásico de Charles Dickens, su famoso “Cuento de Navidad” y me dije, por qué no escribir yo mi “Cuento de Semana Santa” o mejor dicho la historia de las semanas santas de mi pasado, presente y lo que me gustaría para las futuras...

El pasado de esta Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, es muy amplio, como hemos podido saber, gracias a la investigación de nuestro querido amigo Salvador Ruiz, pero yo no me voy a referir al siglo XVI, sino a lo que mis recuerdos me traen a la cabeza. Esos recuerdos me llevan a la calle de la Sillería, comienzo de los años setenta, en una de las casas con más solera de esta calle toledana, vivía y trabajaba una joven familia, de la cual soy el mayor de los sus tres hijos, es fácil encontrarme en la parroquia de San Nicolás, donde además de ser uno de los monaguillos de la parroquia, disfrutaba cada domingo en los grupos de catequesis, en los que casualmente colaboraba un seminarista que conocía mi madre, yo casi no le conocía ya que es nueve años mayor que yo, pero mi madre que le llama “Alfonsito” le conocía desde hace  mucho tiempo y según dice, es como si fuese su niño.

La verdad es que a la parroquia le falta algo, no tiene procesiones,  y es una faena, a mi madre y a mi abuela la encantaban, no nos perdíamos ninguna, la de la Virgen de la Salud, la de la Estrella, la del Carmen, la de la Milagrosa y como no la del Corazón de Jesús, íbamos a todas, bueno a todas no, hay a dos que no hay que ir, a las procesiones del  Corpus y del Viernes Santo, como pasaban por casa, encaramado a la ventana era cada año testigo excepcional de ellas. La del Viernes Santo me gusta mucho, aunque hay algunas cosas que no entendía, porque el primer Cristo que va tiene los capuchones de otro color; como es que al Desprendimiento que es el más grande lo llevan a hombros, con lo difícil que tiene que ser llevarlo; pero había algo que me llamaba la atención especialmente, como es que una de las dos Vírgenes que participaban en la procesión llevaba muchos acompañantes, un manto bordado, muchas flores y velas, y hasta al cura y la banda de música; mientras que la otra “pobrecita”, casi sin flores, sin velas, con un manto viejo y sin música, no sé, será por eso de que lleva a Jesús muerto en sus brazos, y claro con un muerto no va ha estar de fiesta, y yo solo me convencía.

Yo me preguntaba, de que iglesia salía esta procesión, porque como yo siempre la esperaba en casa era la única que no veía salir, y un año, decidí seguirla, ello me llevó a una parroquia cercana a mi casa que ni siquiera conocía, solo era cuestión de entrar en ella y enterarme, obviamente a un niño de 9 o 10 años, que tenía yo entonces no me hicieron ni caso, me faltaba alguien que me presentara, y allí solo te aceptaban si conocías a alguien, en fin, adiós a mi ilusión...

Pasó otro año con todas sus procesiones, y me di cuenta de un detalle, que había un señor, un tal Esteban, que además de ser el carpintero de los dueños de la casa donde yo vivía, era el que sacaba todas las carrozas de las procesiones de Toledo, estaba en la Virgen del Carmen, en el Corazón de Jesús y por supuesto en las de la Semana Santa, como le admiraba, que suerte tenia, él era siempre el que más cerca estaba de la Virgen.

Empecé a coger la costumbre de quedarme en las puertas de las iglesias cuando tenían procesión, para ver salir las carrozas, y fue cuando sucedió el milagro, “Viernes de Dolores” puerta de Santa Justa, mi madre y yo esperando que salga la procesión de la Virgen de los Dolores, y nos llaman a mi madre y a mi desde dentro de la iglesia, le preguntan a mi madre: ¿señora, se van a quedar hasta el final de la procesión?, es que amenaza lluvia, y necesitamos a un niño que lleve el paraguas del cura durante la procesión. Que gran momento, con 11 años me estrenaba en la que sería, mi primera procesión de Semana Santa, de “paragüero” de D. Balbino, ¡qué gran honor para mí!

Ni decir tiene que eso no cambio mis opciones de poder pertenecer a la Cofradía que organizaba la procesión del Viernes Santo, así que deje de insistir en mi empeño, cuando por casualidad, paseando por Santo Tome, me encontré abierta la iglesia de El Salvador, que estaban preparando un Belén me ofrecí a ayudar y cual sería mi sorpresa que aceptaron mi ayuda, tenía 14 años y entraba a formar parte de la Cofradía del Stmo. Cristo del Calvario.

En esta Cofradía tuve la oportunidad de hacer de todo lo que se puede hacer en una Hermandad, e incluso me decidí a ingresar en alguna más como el Capítulo de Caballeros de Cristo Redentor. Pero ocurriría algo que me haría sentir y vivir de otra forma, mi madre, ella que me había aficionado a participar y a vivir entre procesiones, cuando yo empezaba a ser alguien en mi Hermandad, el Señor se la llevó con El, así me lo explicó Paco, el cura de cabecera de mi madre, el me aseguró que mi madre, aunque nunca la viéramos en los altares él estaba seguro que el Señor se la llevó a su lado porque era una Santa, a mí me convenció y más si me lo había asegurado Paco, os quiero aclarar que Paco, hoy es Mons. Francisco Cerro, obispo de Coria – Cáceres. Esta afirmación me hizo llegar a una cuestión lógica, si mi madre que no se perdía una procesión, se encontraba ya junto al Señor y su Santa Madre, cada vez que yo estuviera en una procesión junto a la Imagen, mi madre no estaría muy lejos, y esto me hizo volcarme y empeñarme aún más. 

 Mi dedicación a la Cofradía del Calvario me llevó a ocupar varios cargos en las Juntas de Gobierno, llegando a ser el Vice-presidente durante la presidencia de D. Cipriano González, hoy conocido como el amigo de los pobres; e incluso llegué a organizar un nuevo paso para la Semana Santa de Toledo, un Cristo sentado en una roca, que se encontraba en la Iglesia de El Salvador y que al no darnos nadie referencias de esa imagen, se denominó Cristo de la Sentencia, esta imagen participo dos años en la procesión del Jueves Santo portado a hombros por ocho cofrades, esta sería mi primera participación como capataz.

En estos años, la Semana Santa toledana debido a que a los organizadores de la procesión del Viernes Santo, cada año les costaba más hacerse cargo de todos los pasos, surgieron varios grupos  para hacerse cargo de los pasos de la Cofradía de la Virgen de la Soledad de las Santas Justa y Rufina, un grupo de jóvenes comenzaban a portar el paso del Cristo del Descendimiento y otro grupo, capitaneado por el sacerdote D. Eduardo Álvarez, ayudado por Chelo, Agustín, José Luis, los Enriques, y algunas personas más que si no les cito les pido disculpas, se hicieron cargo de la Virgen de las Angustias, cuando llego a mis oídos no pude remediar acordarme de aquella Virgen “la pobrecita”, que junto a mi madre veía pasar todos los Viernes Santos por mi casa, mi curiosidad me hizo ponerme en contacto con D. Eduardo y así conocer de cerca su proyecto.

La Virgen de las Angustias había cambiado, la imagen era la misma, pero no sé, su forma de vestir no era la habitual, mejor dicho, no era a lo que estábamos acostumbrados a ver, la Virgen había cambiado el negro de su ropa, pero se apreciaba mejor su expresión de dolor, y en sus brazos, despojado del velo que lo cubría se veía el cuerpo  yacente de Jesús, un cuerpo que  siempre aparecía oculto envuelto en el sudario. Tengo que reconocer que al principio la impresión que me causó fue extraña, pero esta imagen me trasportaba a las ventanas de la calle Sillería, con mi madre al lado, me recordaba aquellos intentos de entrar en Santa Justa y Rufina, y no me lo pensé, me ofrecí a ayudarles.

Yo seguía en la Cofradía del Calvario y un Viernes Santo, faltando una hora del inicio de la procesión, veo entrar a José Luis en la iglesia de El Salvador, tenían un problema, aquel famoso Esteban, que yo envidiaba por su cercanía a todas las imágenes, se había negado a sacar la carroza de la Virgen de las Angustias y venía a pedirme si yo sería capaz, yo mire al cielo, y alguien me dijo, “no es esto lo que querías, adelante” y no me lo pensé dos veces, me encontraba un Viernes Santo, con mi habito de penitente del Calvario, y de Capataz de la Virgen de las Angustias, recuerdo que lloré de emoción y buscaba entre la gente, si mi madre me viera de sacarla, pensaba yo, y enseguida me di cuenta, como no me va a ver si va en lo alto del paso.

Desde este momento quede enganchado a la Virgen de las Angustias, fueron pasando muchas personas, muchas nuevas incorporaciones, algunas bajas y muy sentidas, varios consiliarios, un par de Hermanos Mayores, hasta un cambio de la imagen de la Virgen, pero lo que no pasaron para mí son las ganas de estar junto a mi Madre de las Angustias.

Van pasando los años, y sin dejar de participar en diferentes hermandades y cofradías, mi dedicación a la Hermandad de las Angustias cada año es más comprometida, e integrado en el equipo de José María Romero, su actual Hermano Mayor, en pocos años con mucha ilusión y mucho trabajo de todos, aquella Virgen “la pobrecita” del Viernes Santo, comienza a ocupar un lugar propio en la Semana Santa Toledana.

Saltándome multitud de anécdotas y sucedidos, que me llevaría toda la noche seguir detallando, llegamos directamente al presente, bueno la verdad es que el presente al que yo hoy me quiero referir comenzó hace tres años,  concretamente después de la Semana Santa de los años 2006 y 2007, y es que la caprichosa lluvia, nos dejó en Santa Justa, dos Viernes Santos consecutivos, que casualidad, estrenábamos un paso nuevo, y la Stma. Virgen se quedaba en casa. Fue entonces cuando nuestro Consiliario, llevado quizás por su sentimiento a la Virgen de las Angustias de su Granada, nos propone, que al igual que la Señora, sale a recorrer las calles por el mes de septiembre, por qué  nosotros no preparamos alguna procesión extraordinaria, enseguida recordé el ofrecimiento de algunos hermanos de otras cofradías a portar en hombros el paso de Nuestra Señora si en alguna ocasión no coincidíamos con el Viernes Santo, y así fue como tras dos conciertos uno de la banda de música de la Asociación Cultural “La Vihuela” y otro de los Seises de la Catedral, el 15 de septiembre del año 2007, la Venerada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias, salía a las calles de Toledo sobre los hombros de Martos, Oscar, Eugenio, Antonio, Javier, Alfredo, Roberto, Jesús, Daniel, Rafa, Víctor, Fran, Ricardo, Toni, Ana, Esteban, José Luis, Carlos, Fernando y José Antonio, aunque ya se lo he dicho a todos, lo quiero repetir aquí hoy a todos, gracias, a ellos que fueron los primeros y a todos los que se han ido uniendo en estos años Rafa, Luis, Ángel Luis, Alberto, Luis Miguel, Miguel Ángel, Jesús, Moisés, José Alberto y con un abrazo muy especial a Pablo. Porque los momentos que me habéis hecho vivir y disfrutar junto a Nuestra Madre, para mí no tienen precio. 

Pues bien, os estaréis preguntando y que tiene que ver la vida de Víctor, con el Pregón de estas fiestas; pues bien, leyendo el programa me encuentro:

Día 16  de septiembre, Catequesis mariana, dirigida por el Ilmo. Mons. D. José Antonio Martínez García, Párroco de Santas Justa y Rufina, y Consiliario de la Hermandad. 

Que decir de José Antonio, ha pasado de ser el “Inquisidor de las Cofradías”, a ser un hermano más, muy importante por su dedicación, participación y entrega con la Hermandad, pero en definitiva uno más del grupo de trabajo, y para mí un amigo al que contar mis cosas, y no como confesor, eso se lo dejo a otros, sino como ese hermano mayor que nunca he tenido. José Antonio, gracias.

Y continúo leyendo, día 17  de septiembre, con  la participación del Coro de los Seises de la Santa Iglesia Catedral Primada del Colegio de Nuestra Señora de los Infantes. Dirigidos por  D. Ángel  Redondo.  Tengo que decir que nunca he pertenecido al Colegio Infantes, ni he sido de los Seises, pero en mis tiempos existían una gran cantidad de movimientos infantiles, y yo siempre tendré en mi recuerdo los “Koskas” y la Cruzada Eucarística del padre Martínez–Tornero, un jesuita de los de antes, no cantábamos en la Catedral, pero con nuestro uniforme del colegio San Fernando y una banda cruzada, que nos distinguía del resto, sí que he cantado más de una vez desde el coro de la Iglesia de San Ildefonso de los padres Jesuitas, este es mi recuerdo y mi cariño a estos grupos de niños cantores, que aquí en Toledo, tiene su máximo exponente en el coro de los Seises.

Leo en el programa, que dirigirá los Cultos del Triduo y predicara las homilías: el Ilmo. Mons. D. Alfonso Fernández Benito. Prelado de honor de Su Santidad. Canónigo Penitenciario de la S.I.C.P. Director del Instituto de Ciencias Religiosas “Santa María de Toledo”, y retrocedo al comienzo de mi alocución, cuando os comente: “en la catequesis de San Nicolás colabora un seminarista que conocía mi madre, yo casi no le conocía ya que es nueve años mayor que yo, pero mi  madre que le llama “Alfonsito” le conocía desde hace mucho tiempo”..., Alfonso, perdón D. Alfonso, gracias por compartir estas fiestas con nosotros.

Día 18  de septiembre, procesión solemne con la Venerada Imagen de Ntra. Sra. de las Angustias. La Stma. Virgen será portada a hombros por su cuadrilla de costaleros. ¡Y que cuadrilla!, juzgar vosotros mismos si son parte de mi historia. Entre los que a lo largo de estos tres años han compartido trabajadera, en el paso de Nuestra Señora, me encuentro a Jesús Galán, el rubio, otro que al igual que yo,  seguro  que se acuerda de todas esas puertas de las iglesias, esperando la salida de las procesiones y que actualmente colabora en todas las que puede echar una mano; también esta José Alberto, cuanto tiempo ha pasado ya desde aquel Cristo de la Sentencia de la Cofradía del Calvario, el que antes comentaba que fue mi primera aparición como capataz en la Semana Santa, y que se portaba entre ocho cofrades, pues él era uno de ellos; en aquel resurgir de las cofradías de Semana Santa, comenté algo de un grupo de jóvenes que comenzaban a portar el paso del Cristo del Descendimiento, aunque de este grupo, saben más que yo José Antonio Esteban y Luis Bolado; de mis otras cofradías, con Andrés, Oscar y Rafa he compartido andas del Cristo Redentor; con Jesús y Ricardo, de la Virgen de la Estrella; Dani, Javi y Toni,  no arriman el hombro, pero saben lo que cuesta empujar la carroza de Nuestra Señora de la Soledad; y de mi nuevo Cristo Nazareno Cautivo, se estrena este año José San Román, veras como te engancha; también cuento con unos compañeros de la Junta de Gobierno de esta Hermandad Eugenio y Ana; y como no, con Martos, Víctor y Fran, os embarco en todo, sobre todo a ti Fran; y a casi todos, compañeros el Miércoles Santo, con Nuestro Cristo de la Humildad.

Pero sobre todos, es Nuestra Madre de las Angustias; y Alberto, no me había olvidado de ti, nuestra madre, yo estoy convencido de que ella está aquí, sentada al lado de María, disfrutando de este momento, y de las procesiones que tanto la gustaban, y nos abraza, porque esa grata sensación que sientes, al igual que yo llevo sintiendo mucho tiempo, es eso, un abrazo que después de tanto tiempo, de vez en cuando recibimos.

En fin, solo quedan tres días, para volver a vivir este momento, y a partir de aquí todo es futuro, os he contado mucho del pasado, algo del presente, pero como no soy profeta, no os puedo asegurar lo que va a pasar de aquí en adelante, pero si puedo contar lo que a mí me gustaría que ocurriera, lo primero que la devoción que todos tenemos a la Santísima Virgen, nos siga reuniendo aquí o donde ella quiera; que todo esto que con tanta ilusión y cariño hemos hecho, se siga manteniendo aunque no estemos todos; Romero, si Ella quiere, que para el próximo año 2013, todas las hermandades de “las Angustias” de España, nos encontremos aquí, en torno a Nuestra Señora.

Y como no hay pregón que se precie, que no tenga algún verso, para concluir, me voy a atrever a recitar algo y digo mejor, voy a atreverme a pedir algo,  Ella sabe, desde la confianza que nos tenemos, después de tantos años juntos, que siempre que la he pedido algo, suele ser para otros, pero esta vez como capataz de su paso, la voy a pedir por mí, por mí y por todos los costaleros:

 

María, Madre Dolorosa, déjame acompañarte en tu dolor,

quiero compartir contigo el peso, de Jesús tu hijo y mi Señor.

Que mis piernas sean las tuyas, mientras sentada bajo la Cruz,

inundas las calles de Toledo regadas con tus lágrimas y tu luz.

Luz que desde tu corazón, herido con la angustia y traspasado

sea la luz que nos guie y nos lleve junto a ti, siempre a tu lado.

Y cuando el Padre mi alma reclame, que llegará ese momento,

igual que yo te llevé,  poquito a poco y con sentimiento,

me lleves en tus rodillas, me acojas entre tus brazos,

y que al Padre me presentes acunado en tu regazo.

 

He dicho.

 

 

Víctor Sánchez Ortega.

En Toledo, a 15 de septiembre de 2010.

Festividad de los Dolores de la Santísima Virgen.