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Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén. (la borriquita)

 

 

Con fecha 27 de septiembre del año 2002 y siendo Presidente de la Junta de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Toledo, D. Agustín Granados García, se acordó la realización de una Imagen que representara la entrada de Jesús en Jerusalén, con el fin de poder celebrar en Toledo la Procesión propia del Domingo de Ramos.

El día 20 de noviembre de 2007, se firmó por parte del presidente de la Junta de Cofradías y del Hermano Mayor de la hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, el documento de cesión de la imagen, a esta Hermadad.

El 25 de noviembre del año 2007, en una ceremonia oficiada por el Ilmo. Sr. D. Juan Sánchez  Rodríguez, Deán del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo; Concelebrada, por D. Cleofé Sánchez Montealegre, Secretario del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo y consiliario honorífico de la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias D. José Antonio Martínez García, vicario Judicial y director del secretariado diocesano de cofradías y hermandades de la Archidiócesis y párroco y consiliario de la hermandad; actuando como Padrinos, D. Ángel Felpeto Enríquez, en representación del Ilmo. Sr. Alcalde del Exmo. Ayuntamiento de Toledo y Dña. Mª Dolores Mateo Gómez, camarera de la hermandad; y en calidad de  Testigos, D. Fernando de la Macorra Morales de los Ríos, como presidente de la Junta de cofradías y hermandades de Semana Santa de Toledo, en representación de todas ellas, y D. Cleofé Sánchez Montealegre, como  consiliario honorífico de la Hermandad, fue bendecida la imagen de Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén.

 

 

Fotos cedidas por Cristina Fernández,

del periódico " Noticias de Toledo"

      

El domingo 10 de febrero del 2008, con motivo de una celebración, el Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal, D. Antonio Cañizares, se desplazó a la parroquia de las Santas Justa y Rufina,  y aprovechando su visita el Hermano Mayor le mostró la Imagen de Cristo Rey, la cual le causó muy buena impresión según nos comentó a los hermanos que allí nos encontrábamos, momento este que recogen la fotografías.

 

El escultor imaginero

Antonio José Martínez Rodríguez (Beas de Segura, Jaén, 1971) es un imaginero autodidacta con una intensa formación artística y religiosa. Su juventud en el seminario decidió el rumbo que iba a tomar su escultura hacia los temas sacros. Ha conocido los entresijos de los talleres sevillanos durante sus años de aprendizaje. Sus inquietudes profesionales le llevaron hasta Madrid, donde tiene taller desde 2001 en pleno centro, en el barrio de los Austrias. En todo el proceso de creación emplea las técnicas tradicionales de la imaginería religiosa española. Con arraigado misticismo y delicada sensibilidad, Antonio José busca en cada nueva obra una excusa para transmitir su más íntima visión de la fe, introduciendo en cada imagen un profundo sentimiento devocional basado en un sólido trasfondo evangélico.

El imaginero tiene obra religiosa y procesional en diversos lugares de España repartida en parroquias, hermandades y particulares. Destacan, entre otras, la Virgen de los Dolores de la Parroquia de San Nicolás (Madrid), el Cristo de la Buena Muerte (un yacente para Ciudad Real), la Virgen del Dulce Nombre (Jaén), Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén (Toledo)... su última obra, el Cristo de la Redención para Murcia, previsto para la Semana Santa de 2008.

El arte de Antonio José nace, como el de muchos artistas, de una obsesión. Busca en su escultura reflejar otros atributos de la divinidad además de la belleza: la compasión, el perdón, la bondad, la misericordia. Sus imágenes son la consecuencia directa de esa búsqueda espiritual inherente en el hombre; pretexto para expresar cosas más íntimas y profundas desde una experiencia propia. Es evidente un gran esfuerzo por descubrir nuevas visiones artísticas, respondiendo a los sentimientos actuales y sustituyendo en lo posible los clichés formales –que muchas veces coartan la libertad de algunos artistas imagineros–, por otros más personales y más próximos al naturalismo.

Antonio José Martínez ha creado ya algunas obras relevantes por su originalidad y frescura. Sólo nos queda desear que aquellas que están por llegar sigan cautivando y atrayendo a todos por su sensibilidad, hechura y cercanía.

 

 

La imagen vista por su autor.

En 2006, la Junta de Cofradías de Toledo me encomendó la realización de la imagen que abriría los desfiles procesionales de la Semana Santa toledana, encargo que recibí con profunda ilusión, ya que era una obra que recalaría en una ciudad de la importancia histórico-artística de Toledo. Era además un tema muy de mi agrado y al que me enfrentaba por primera vez.

El primer paso fue buscar las referencias escultóricas más reconocidas sobre el tema. Llegué a la conclusión de que era un motivo que podía acometerse con mayor profundidad, intentando dotar al Cristo de una mayor naturalidad con una actitud diferente, y prestando mayor atención al borriquito en su concepción y acabado final, con estudios anatómicos serios.

El proyecto supuso varios meses de trabajo. Lo más difícil de la talla del Señor fue encontrar la variación del tema sobre todas las esculturas ya existentes, en las cuales la imagen del Cristo, cuando no aparece triunfal, se presenta sereno, pero casi siempre en actitud de bendecir. He intentado dar un paso más, buscando la otra cara del tema.  Decidí que podía ser un Cristo de inicio de la Pasión –que en el fondo es lo que representa la escena–, apartarlo del bullicio con el que fue recibido para mostrar la otra parte este hecho, que era en sí el inicio de su Pasión, Muerte y Resurreccción. Encerrarlo en sí mismo, mirando hacia dentro.

 

 

Así el Cristo aparece con una actitud reflejada en su rostro que puede ser recibida por el fiel como una mirada amorosa, pero en el fondo reflexiva sobre los acontecimientos que están por llegar. Es un Cristo melancólico, intimista, de presagio.

El contacto con el público se mantiene sobre todo a través de esa mano tendida que no bendice si no que se abre hacia el fiel, buscando un contacto, un diálogo. Su postura, algo hierática, para mi es sobre todo donde se refleja la advocación de esta imagen, la majestad del Cristo Rey. El rostro, juvenil, suave anatómicamente, limpio, despejado y nítido, lo humanizan.

 

En cuanto a la talla del burrito, creo que habla por si sola. Su expresión alegre nos hace pensar que nunca llevó mejor carga. He intentado recrear el tipo de burro zamorano, con su abundante y característico pelaje. La idea de esta escultura fue siempre hacer un animal lo más tierno posible, que contrastase con la melancolía y majestad del Cristo. Era por lo tanto imprescindible tratarlo con seriedad, profundidad y rigor, porque casi siempre se ha tratado como una imagen demasiado secundaria a la que no se le ha prestado la atención suficiente.

El Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén es una obra que espero que sea del agrado de los toledanos, y que no sea tan sólo una imagen de Domingo de Ramos, si no que atraiga a todos durante todo el año. Espero de corazón que la Agrupación de Cofradías de Toledo haya quedado satisfecha con esta obra. Y agradezco enormemente la oportunidad que me han brindado de poder llevarla a cabo para una ciudad como Toledo, donde es una verdadera responsabilidad hacer una aportacióna artística de esta índole, a una ciudad con siglos de arte y tradición histórica.

Antonio José Martínez Rodríguez